1/23/2006

Lo que “Varguitas” tampoco dijo sobre Evo Morales

Homero Carvalho Oliva

Una vez escuché decir a una señora, muy enjoyada y perfumada ella, que en Bolivia hasta para ser de izquierda había que ser de buena familia, había que ser decente, tener apellido. Por supuesto que esta afirmación la debe conocer Mario Vargas Llosa porque estoy seguro que la ha debido escuchar muchas veces en la señorial Lima, en esos ambientes que tanto le gusta frecuentar para luego delatar sus miserias en las novelas que le han ganado fama.Y ese descarado prejuicio es el que justamente aplica, veladamente, en su última columna (o calumnia) periodística publicada el domingo 15 de enero en La Razón, titulada “Raza, botas y nacionalismo”, en la que clasifica a la izquierda latinoamericana en dos bandos: “La responsable y la boba” (idiota, según su hijo Alvaro). En la primera coloca, como debe ser según lo cánones de lo políticamente correcto, a los de rancios apellidos sudamericanos como Ricardo Lagos y Tabaré Vásquez, hombres altos, blancos, cultos y que saben hablar inglés, como él, para beneplácito de alguna reina de belleza nuestra. En la segunda bolsa mete a los mulatos como Hugo Chávez, a indígenas como Evo Morales y “mestizos desclasados” como Ollanta Humala, descendiente de “mistis” peruanos.Los de la izquierda “más responsable y más moderna” no cargan con los traumas y las taras de sus bobalicones gemelos: no son racistas (“fuente abyecta de discriminación y violencia”), no son nacionalistas (“esa cultura de los incultos”) y no son militaristas porque aman la verdadera democracia, la que les permite vivir civilizadamente en un mundo globalizado.Mario Vargas Llosa se lamenta, en este artículo, que todavía existan en América Latina estos “caudillos bárbaros” que ya deberían ser proscritos de nuestras modernas naciones y erradicados para siempre de la historia. Pero olvida o no conoce muchas cosas de nuestra historia.
“Origen humilde”
Como no me gusta meterme en la vida de los demás, solamente me voy a ocupar de aclararle al seño Vargas Llosa algunas cosas sobre mi país, que creo que conoce pero que no quiere entender. Cuando habla específicamente de Bolivia, lo hace refiriéndose primero a los militares de “origen humilde” (gracias padre nuestro por no decir que eran “cholos” o indios”) que escalando posiciones desde soldados rasos se hicieron de la presidencia. Se olvida de los militares de “buena familia”. Luego afirma que los bolivianos nos libramos de los cuartelazos en la segunda mitad del siglo XX, seguramente ha dejado de lado, convenientemente, que entre 1964 y 1982 se sucedieron decenas de militarotes, de diversos orígenes como somos los bolivianos, y que recién a partir de octubre de 1982 gozamos de una democracia todavía endeble.
Inédita victoria
Cuando habla del éxito mediático de la gira de nuestro Presidente electo, olvida mencionar que es la primera vez, en estos 23 años de democracia ininterrumpida, que un candidato obtiene la mayoría absoluta de los votos. Que por esa sencilla razón no vamos a sufrir de los cuoteos y alianzas prebendales típicas de la democracia pactada, a la que nos tenían acostumbrados los anteriores presidentes de “buenas y conocidas familias” bolivianas.Cuando menciona su vestimenta lo hace de manera anecdótica y pretende encontrar complejidad (cinco pies al gato) donde no hay. Cae en el prejuicio de ciertos intelectuales, de diestra y siniestra, que han pretendido interpretar todo el mundo andino en la ya famosa chompa (remera, jersey) de Evo Morales. Olvida, otra vez, por supuesto, que no hay nada de “arco iris” indígenas y otras vainas surrealistas europeas y que, simplemente, se trata de un hombre vistiendo como todos los días lo hace. No hay para que complicarse la existencia, mi querido “Varguitas”. Si viene por Bolivia hágase llevar a cualquiera de nuestros mercados callejeros y verá que hay miles de chompas iguales y ninguna de ellas contiene mensajes cifrados de las culturas andinas. Reflejan, eso sí, una manera de vestirse tal como usted usa trajes a medida y corbatas italianas.Parece que para Vargas Llosa el haber nacido en una familia indígena y haberse criado pastando llamas no significa para nada ser indio, peor aún si “habla un buen castellano”, asevera refiriéndose a Evo Morales. Mire compadre, vamos a hablar sinceramente, yo lo he leído a usted y sé que habla y escribe un castellano digno de la Academia de la Lengua Española, por tanto sabe muy bien que Evo tiene sus limitaciones lingüísticas como la mayoría boliviana. No quiera pasarse de vivo y no use este pretexto tonto para negarle la cuna aimara a nuestro Presidente, comparándolo con los indios ladinos y lenguaraces de las películas. Si usted no se siente orgulloso de ser peruano y por esa vergüenza íntima se cambió de nacionalidad, le cuento que Evo Morales y nosotros sí nos sentimos orgullosos de ser indígenas o mestizos, de ser bolivianos.
Pirámide social
Es cierto que somos un continente mestizo, pero reconocerlo no significa nada si no lo vivimos como tal y eso lo sabemos muy bien los bolivianos. No crea usted que ese cuento de la pirámide social se aplica a pie juntillas en nuestro país. Aquí no necesariamente los “indios ricos” son aceptados en “sociedad” y recién en los últimos diez años, por la aplicación de la Ley de Participación Popular, muchos indígenas han podido representarse a sí mismos. Si así lo fuera pregúntese por qué recién, después de la conquista popular del voto universal con la Revolución Nacional (1952), un indio está llegando al poder.Por último, y recordando a mi padre que era anarquista, le recomiendo a los de la “izquierda responsable” que empiecen a preocuparse porque cuando la derecha habla bien de uno es que porque algo anda mal. Al señor Vargas Llosa lo exhorto, humildemente, a que vuelva a escribir buenas novelas y que se deje de estar ordenándonos cómo tenemos que vivir y por quién tenemos que votar. Por lo menos así sabremos que está escribiendo mentiras que son verosímiles en la ficción y que no está inventando la realidad para diseminar sus odios y sus broncas personales.
­­­­Homero Carvalho Oliva es escritor boliviano. Reside en Santa Cruz

(tomado www.la-epoca.com)

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