1/23/2006

Morales fue ungido Presidente observado por sus ancestros

Jaime Iturri Salmón para Prensa Latina

Como muchas cosas en Bolivia, lo verdaderamente trascendental de Tihuanacu, la pétrea ciudadela precolombina donde el presidente electo Evo Morales fue simbólicamente investido como presidente, en un rito originario, se encuentra aún bajo la tierra, como los hidrocarburos, como los minerales.Pese a los descubrimientos realizados a lo largo del siglo XX, se cree que el 94 por ciento de lo que fue la gran capital de los señoríos aimaras no ha salido a la superficie. De todas maneras, lo que ha podido rescatarse es ya en sí mismo impactante: desde el templete de Kalasasaya hasta la Puerta del Sol.Sobre esas ruinas que contemplaron el auge y la caída de la confederación de naciones que eran los señoríos aimaras, este 21 de enero el presidente electo de los bolivianos, Evo Morales, tuvo un encuentro de sus raíces telúricas, pidiendo a las divinidades andinas que le den fuerza. Descalzo, en contacto directo con la "Pachamama" (madre tierra), Evo Morales fue investido como Presidente del Mundo Andino, un día antes de asumir oficialmente la Jefatura del Estado de Bolivia, según adelantó el alcalde de Tihuanacu, Lucio Condori.El título le será conferido en un ceremonial por cuatro amautas (sabios andinos), quienes, a solas, lo vistieron con una exclusiva indumentaria autóctona y le hicieron una milluchada (ritual de buena fortuna), detalles adelantados por Condori, cuyo pueblo es contiguo a la ciudadela precolombina, a unos 80 kilómetros al este de La Paz, donde se cumplirá el telúrico ceremonial.Símbolos de mando indígenaAllí el Presidente electo de Bolivia recibió los símbolos de mando indígenas y se vigorizó con todo el poder de la cultura aimara, que lo reconoció como la primera autoridad, antes de que el Estado boliviano hiciera lo propio el domingo 22.Morales, su comitiva y sus invitados fueron recibidos por las autoridades indígenas lugareñas, principalmente los mallkus (cóndor o líder mayor) de las 24 comunidades campesinas de la zona. Luego Morales se quitó los zapatos por respeto a las pétreas ruinas y caminó descalzo para asistir al encendido del fuego de la huajta (mesa), con la que agradeció a la Pachamama. El Presidente electo, dijo Condori, quiere agradecer a la madre tierra por haberle concedido la gracia de ganar las elecciones, gracia que le pidió el primero de diciembre, cuando visitó Tihuanacu con ese objetivo.Posteriormente se desplazó a la pirámide de Akapana, donde los amautas le colocaron el traje ceremonial, símbolo de autoridad, y le hicieron la "milluchada". El paso siguiente fue desplazarse al templete de Kalasasaya, donde al líder indígena le fue entregado un bastón de mando, como Presidente del Mundo Andino, según Condori. La trascendencia de los actos de Tihuanacu fue destacada por el antropólogo Carlos Ostermann, quien consideró que los mismos dejarán constancia de que la historia de Bolivia no se inició con la llegada de los españoles, sino antes.Se esperaba que asistieran unas diez mil personas a las ceremonias, entre ellas centenares periodistas de todo el mundo, bajo la protección de 2.500 policías, 700 militares y miles de campesinos integrantes de la escolta popular, de quien ya ha dicho que le gustaría que lo llamen "compañero presidente".El interés por la posesión de Evo Morales fue tan grande que las agencias de viaje se sintieron rebasadas por la cantidad de visitantes que acompañarán al líder de los bolivianos hasta las ruinas imperiales.MonolitosEn Tihuanacu los esperaban los monolitos, enormes estelas labradas, cada una en una sola piedra, que representan a las divinidades aimaras. Muchas de ellas con la nariz destrozada por los martillos inquisitoriales españoles durante la bárbara "extirpación de la idolatrías".Otras, en cambio, exhiben más recientes melladuras de bala realizadas en los años 20 del siglo XX cuando, según denunció en la época el arqueólogo Arturo Posnasky, los soldados bolivianos utilizaban a estos monolitos como blancos en sus prácticas de tiro.A los invitados del presidente Morales los esperaba también la Puerta del Sol, una gigantesca piedra labrada por donde pasa el astro rey (cuya divinidad es muy importante en la cultura andina como en otras a nivel universal), conocido como Inti; monumento que sobrevive pese a una rajadura de consideración en uno de sus costados.Y, por supuesto, ahí estuvo el templete de Kalasasaya, la gran muestra del arte de los señoríos aimaras, sólo comparable con el trabajo de los egipcios, de los habitantes de Caldea o de los asirios.Por sus escalinatas subió el hijo más famoso de los adoradores de la Pachamama para juntarse unos minutos con el ajayu (el alma) de sus antepasados, que ya hace muchos siglos pregonaban la inmortalidad del alma y el retorno de los muertos a visitar a los vivos.A pocos metros de ahí está la fortaleza de Akapana, una colina artificial que los estudiosos creen servía como una atalaya para defender la ciudad. Esta construcción tiene una forma rectangular y alargada y muestra que los aimaras, además de hábiles comerciantes y viajeros eran, y son, temibles guerreros.Las nuevas autoridades bolivianas, los mallkus y jilakatas (autoridades locales), los comunarios y los visitantes, observarán las ruinas de un gran imperio, pero al mismo tiempo serán observados desde las montañas donde los achachilas (divinidades aimaras que marcan los ciclos comunitarios, incluyendo los tiempos de paz y de guerra) esperaron por siglos que "el gran día" llegara. Y como dice la consigna del Movimiento al Socialismo: "Ahora es cuando".­­­­­Jaime Iturri es periodista y analista
(toamdo de www.la-epoca.com)

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